ARPEGIOS

28.02.2013 01:52

 

                                                            ARPEGIOS

 

                                    I

 

Al final Loban vio que lo único que le quedaba era seguir,

Y por seguir se cuajó una rodilla en la arena dura y

Prorrumpió en llantos casi alaridos que denotaban su

Dificultad para asir la rama del pensamiento y volar

Hacia la propia intención que le surgía del costado derecho,

Y pues no consentía su naturaleza en dejarle pensar como

Aspiraba, pues de notas femeninas se hizo un collar de cuentas

Verdes que paseaba con decoro y hasta elegancia por el bulevar

Partido de Roquebrunne, aquel de cuando jugaba a tener 20

Y llevar plumas de indio en la cabellera rubia, derrotando

Whiskies uno tras otro hasta caer exhausto encima de algunos

Pechos hambrientos o alguna sucia alcantarilla, y vamos a dejar

De jugar –le dijo ella-, ya no es divertido, y por eso, entonces, se

Detuvo en seco a la puerta del paraiso, y demudado por la declaración,

mas feliz de haberla conocido,

la condujo al rincón de las proposiciones (alegaciones),

Y se fracturó un tobillo por besarla.

En la avenida junto al mar.

 

 

 

                                    II

                                                   

 

Hay diez posiciones del alma que todo buscador debe experimentar:

Una es la luz que fulge cuando tus pies levantan el vuelo de las losas sucias,

Dos, cuando ves que es todo percepción,

Tres, si todo te parece vano y giras cual astro ausente,

Cuatro, todo amor y entrega sin destinatario determinado,

Cinco, la línea que une cielo y mar,

Seis, lo que dicen los ojos en un instante detenido un siglo,

Siete, la mano que te aprieta y desolla tus intenciones,

Ocho, el verbo que te persigue a la hora del sueño incesante (mente),

Nueve, la resolución que nunca llega y te posterga a la nada y al desprecio ajeno,

Diez, la ventura de sentir todo en colores.

 

                                    III

 

 

Por si todo ello fuera poco se pueblan tus carnes de cuentos y

Las historias de otras vidas te confieren lo efímero y pueril del esfuerzo sin fe,

Todas las batallas se aquietan en el penar cotidiano, y afloran los gestos

En la madrugada, cuando las serpientes avisan del cambio de estación:

Una risotada grave entonces emerge del sol bañado en pretérito,

Los arqueros se afanan en alcanzar el pecho en vano,

Que sólo individuo marca el son del tiempo.

Finos mercaderes no aciertan a soplar

El vidrio en las catedrales.

Euforia se muestra sin pudor como la Cava

En las aguas tremes del Tajo.

 

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